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La gestión de color (I)

La gestión de color es uno de los grandes problemas de la fotografía digital. Todo el mundo ha oído hablar de ella pero pocos saben cómo funciona realmente.

Y muy pocos pueden explicar en qué consiste. En Xataka Foto nos hemos propuesto resolver, en una serie de artículos, todas las dudas que puedan surgir sobre el mundo de la gestión del color.

El mundo fotográfico está volcado en las nuevas cámaras, en los objetivos más nítidos, en los programas más avanzados que no hay que pagar mes a mes.

Pero pocas veces escuchas hablar de la reproducción exacta de los colores. Solo nos acordamos del color cuando no conseguimos ver en la copia en papel, o en la pantalla de nuestro dispositivo, ese rojo que esperábamos.

Muchos fotógrafos tienen la mejor cámara pero trabajan solo con un ordenador portátil. O tienen una de esas pantallas espejo que tanto diseño rezuman por los cuatro costados pero que son imposibles de perfilar y calibrar con exactitud.

O imprimen con el clásico método de la prueba/error hasta conseguir algo que recuerde a lo que veían en sus pantallas.

Para evitar estos problemas y facilitar el acceso al mundo de la gestión del color voy a escribir estos artículos para aclarar algo tan importante como la reproducción precisa del color de nuestras fotografías.

De principio a fin, de la cámara a la impresión. Pero como siempre, vamos a empezar por el principio.

¿Pero qué es la gestión de color?

El color en la fotografía digital no es otra cosa, y siento ser tan directo, que una mera sucesión de unos y ceros. Nada más. Es lenguaje binario. Y la cámara, el monitor y la impresora lo entienden perfectamente. ¿Entonces dónde está el problema? Que cada uno de estos dispositivos genera el color de una forma distinta:

  1. Las máquinas fotográficas reciben la luz y le dan el color según la matriz del sensor y la interpretación del procesador.
  2. Los monitores nos enseñar el color por la estimulación eléctrica de los fotodiodos (más luz, más estimulación).
  3. Las impresoras forman el color por la combinación de tintas sobre el papel.

Y aquí entra en juego la gestión del color. Se puede definir de muchas formas pero la que me gusta es la que dice que su función es conseguir que todos los dispositivos vean el color de una forma predecible. De principio a fin.

¿Es solo un problema de la fotografía digital?

En la época química el color no era un problema grave para la mayoría de los fotógrafos. Elegías un carrete porque sabías cómo respondía. Solo tenías que llevarlo a un laboratorio que respetara los químicos, los tiempos y las temperaturas y tenías el color exacto, el que buscabas.

En los tiempos digitales se olvidaron de dicha convención y no tuvieron más remedio que acudir al mundo de las imprentas para conseguir, durante todo el proceso, un color esperable y coherente.

Veamos qué pasa si elegimos un color concreto concreto (0,190,190) y con la ayuda de la gestión del color simulamos tres dispositivos distintos: la realidad, un monitor y una impresora sencilla. Y encima lo reproducimos a partir de un pantallazo:

Gestion del colorEl color real, como lo ve el monitor y como se vería impreso

Es el mismo color. Solo he modificado los espacios de color. Un mismo número binario se ve de forma distinta por el dispositivo en el que se reproduce. Y la gestión del color es como un diccionario que intenta igualar los distintos acentos. Y no nos queda más remedio que saber cómo funciona.

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Autor Anders Norén

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